Inglaterra y Gales, consagradas al Corazón de María en el centenario de Fátima

fatima corazon de maría westminster

El cardenal Vincent Nichols coronó una estatua de Nuestra Señora de Fátima en el año centenario de su aparición, consagrando nuevamente Inglaterra y Gales al Inmaculado Corazón de María.

 

En una Catedral de Westminster llena a su máxima capacidad de 3.000 personas y con grandes multitudes ubicadas en la plaza, el Cardenal Nichols dirigió la oración de consagración, que incluyó la frase:

«A ti y a tu Inmaculado Corazón, en este año centenario de las apariciones de Fátima, nos re-consagramos en unión no solo con la Iglesia, el Cuerpo Místico de tu Hijo, sino también con el mundo entero».

El Cardenal renovaba así una consagración hecha por su predecesor, el cardenal Bernard Griffin, en 1948.

Recordemos que en mayo de 1917, la Virgen María apareció a tres niños pastores en la localidad portuguesa de Fátima. Les habló de un trastorno venidero en el mundo, ligado especialmente a Rusia, que causaría terrible sufrimiento. También recordó a los niños el peligro del infierno, y les pidió que rezaran el rosario y que hicieran penitencia por la conversión de los pecadores. Al tratarse de una revelación privada los católicos no tienen obligación de creer en ella, pero la Iglesia ha declarado oficialmente «dignos de crédito» los acontecimientos en Portugal y Nuestra Señora de Fátima ocupa desde hace mucho un lugar central en el corazón del Pueblo Católico.

El Cardenal llama a rezar el Rosario

En su homilía, el cardenal Nichols dijo que las apariciones presentaban un «desafío considerable», y que los católicos deben preguntarse: “¿Cuán bien expresamos nuestro discipulado de Cristo todos los días? ¿Cómo avanzamos en esas dos maneras de dar tiempo al Señor y a los demás: en esas áreas de oración y sacrificio?”

El Cardenal recomendó el rezo del rosario como una oración para ayudar a uno a decir “sí” a Dios, que fue, dijo, la esencia de la devoción al Inmaculado Corazón de María.

corazon de maria pastorcitos westminster

La imagen peregrina de la Virgen de Fátima avanzó en procesión hacia la catedral de Westminster. Las reliquias de los beatos Jacinta y Francisco, junto a la corona de María, fueron llevadas por niños ataviados como los pastorcitos portugueses.

Detalles de la Consagración al Corazón de María

La bellísima ceremonia que presidió el cardenal Nichols a fines de Febrero tuvo dimensiones multitudinarias: la catedral de Westminster rebosó de fieles, mientras otros miles saludaban desde la calle, cantando y agitando pañuelos blancos al paso de la imagen de la Virgen de Fátima llegada desde Portugal para presidir la ceremonia. El arzobispo de Westminster esperaba en la catedral esta procesión en que, como detalle enternecedor, tres niños vestidos como los pequeños videntes portugueses (Lucía, Jacinta y Francisco) portaban la corona y las reliquias de los dos pastorcitos beatos.

La corona fue presentada al cardenal Nichols por Jorge Leitao, cuyo abuelo realizó la corona original de Portugal (que la Virgen porta en el santuario de Fátima los días 13 de cada mes) y que su empresa ofrecerá en esta cita a la Virgen. Por su parte, los fieles que lo desearon llevaron a la catedral objetos de oro y plata o joyas para ofrecer a María y que fueron entregados como donativos a Leitao como contraprestación. Así es se hizo con la corona original en Portugal en 1942.

Muchas personas, entre ellas familias enteras, acudieron a la imagen de la Virgen para encomendarse a ella. La emoción fue la imagen dominante entre los presentes, que sabían que era un día histórico.

La iniciativa de consagración al Inmaculado Corazón de María ha sido promovida por el Apostolado Mundial de Fátima en Inglaterra y País de Gales.

Por otra parte, y en las antípodas mismas de este acto trascendental para el país, la Catedral anglicana de Canterbury acogió el mismo día un ritual masónico que celebraba la fundación de la primera logia inglesa en Londres hace 300 años…

El cardenal Nichols preside la Consagración al Inmaculado Corazón de María


Fuentes: InfoCatolica / Catholic.net / ReL