Testimonios sobre el Poder del Rosario
Federico Ozanam
El fundador de la Sociedad de San Vicente de Paul, destinada a ayudar espiritual y materialmente a los pobres, no era creyente cuando joven. Un día entró a una iglesia en París. Estaba vacía excepto por un anciano que rezaba el Rosario ante el altar. Él se acercó para poder mirarlo mejor y descubrió que era su profesor Ampere quien rezaba el Rosario.
Ampere fue un gran matemático y físico que creó la ciencia de la electrodinámica e inventó, entre otras cosas, el medio para enviar mensajes telegráficos.
Ampere rezaba el Rosario con tal devoción que Ozanam se convenció de que esa religión que su maestro profesaba era verdadera. Más tarde, tras su conversión a la fe católica, Ozanam decía con frecuencia: “El Rosario de Ampere causó más efecto en mí que todos los libros y sermones.” En 1997 Ozanam fue beatificado.
Dr. Carlos Finlay
Un día, el Dr. Caros Finlay regresó muy tarde en la noche a su casa. Estaba cansado y soñoliento, cuando recordó que ese día no había rezado el Rosario. Él siempre rezaba el Rosario todos los días. Así que comenzó a rezarlo con devoción. Un ruidoso mosquito volaba persistentemente alrededor de su cabeza, lo que distrajo su atención una y otra vez.
De repente, como inspirado por la Santísima Virgen a quien estaba dirigida su oración, cruzó por su mente la idea que finalmente lo haría famoso—esto es, que justamente un mosquito era el agente transmisor de la fiebre amarilla y la malaria. Trabajó en esa teoría y finalmente probó que era correcta. Esto concluyó una larga serie de esfuerzos e investigaciones por parte de numerosos científicos en busca de un remedio a la malaria. Fue así también como se pavimentó el camino para completar el Canal de Panamá.
El Obispo James E. Walsh
Perteneciente a la orden de Maryknoll (misioneros norteamericanos que han centrado su apostolado principalmente en Asia), el obispo James E. Walsh describió en una carta al Padre Paul R. Milde O.S.B., cómo se sintió fortalecido y consolado por el Rosario durante sus años de encierro en una prisión china.
“Mi gran apoyo a lo largo de doce años de prisión fue el Rosario. No tenía libros religiosos a mano y tampoco podía conseguir alguno, así que me era imposible celebrar la Misa o rezar el Breviario.
“Privación es la palabra clave de la vida en prisión. Sin ninguna otra facilidad a nuestro alcance, a no ser por el aire para respirar y los muros desnudos para contemplar, la situación es bastante oscura. Ningún lugar a dónde ir, nada qué hacer, tan solo una monotonía interminable por delante, la perspectiva es muy sombría. ¿Qué hacer en estas condiciones? Por hábito, la respuesta fue inmediata y automática. Vuelve tu mirada al Rosario. Recurre al Rosario.
“Puede rezarse con los diez dedos, como si tuviéramos las cuentas. Para rezar el Rosario no se necesita otra cosa más que tiempo. Y en esa época, era lo que a mí me sobraba… Sus quince misterios me llevaban a hacer un claro y concienzudo repaso de las verdades centrales de nuestra fe…
“El Rosario me sostuvo cuando otros medios me hacían falta. Vino en mi ayuda siempre que me sentí agobiado por cualquier problema. Fue para mí la línea infalible de vida durante mis años en prisión”.
El Mariscal Foch
Uno de los grandes generales de la Primera Guerra Mundial fue el Mariscal Ferdinand Foch. Su madre había sido compañera de Santa Bernardita de Lourdes. Ella siempre acompañó a Bernardita a rezar el Rosario en la gruta de Massabielle. Y le enseñó a Ferdinand a tener un amor especial por María y su rosario. “Siempre,” acostumbraba a decirle, “sé fiel a tu Rosario. No dejes que transcurra un solo día sin rezarlo devotamente.” Ambos lo rezaban juntos cada noche.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, fue su hijo quien dirigió los ejércitos de Francia y en sus grandes victorias, su fidelidad al rezo del Rosario diario ocupó un papel no menos importante. El Mariscal Foch murió con el Rosario en sus manos.
San Luis María Grignion de Montfort
Este gran Santo mariano escribió:
“Si sois fieles en rezar devotamente el Rosario hasta la muerte, a pesar de la enormidad de vuestros pecados, creedme: ‘Pericipietis coronam inmarcesibilem’, recibiréis una corona de gloria que no se marchitará jamás. Aun cuando os hallaseis al borde del abismo o tuviereis ya un pie en el infierno; aunque hubiereis vendido vuestra alma al diablo, aun cuando fuereis un hereje endurecido y obstinado como un demonio, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que –lo repito y notad las palabras y los términos de mi consejo– receeis devotamente y todos los días el santo rosario hasta la muerte.”
(El Secreto Admirable del Santo Rosario)
Fuente: Artículo del P. Albert J.M. Shamon en http://www.michaeljournal.org